Elena se quedó inmóvil, procesando las palabras de varkas. El silencio en la habitación era tan pesado que se podía escuchar el crepitar de la madera en la chimenea. La rabia que sentía empezó a transformarse en algo más doloroso: una compresión devastadora.
- Me has tenido en una vitrina toda mi vida— susurró ella , acercándose a él, esta vez sin miedo— me viste crecer , viste mis miedos, viste como me esforzaba por una tienda que tú ya había marcado como tuya ¿cómo puedes decir que esto es a