El cuartel general no parecía el mismo. Las luces de neón del barrio habían sido reemplazadas por lámparas de cristal, y el olor a pólvora por el de los perfumes más caros de la ciudad. Elena estaba en la habitación, terminando de arreglarse frente al espejo. Llevaba un vestido de seda negra que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, dejando su espalda descubierta hasta la cintura. El anillo de Varkas brillaba en su mano, siendo el único accesorio que realmente importaba.
La puerta se