En el gran salón del piso inferior, lejos de las pantallas de Adalmo, se había organizado una reunión. Al bajar, Elena se encontró con tres mujeres que personificaban la fuerza del barrio: Sofía, la esposa del socio principal de Varkas, una mujer elegante de mirada afilada; y otras dos mujeres más jóvenes pero con la misma expresión de haberlo visto todo.
Varkas la acompañó hasta la entrada, le dio un apretón posesivo en el hombro y se retiró, dejándola sola en ese territorio desconocido.
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