Varkas caminaba de un lado a otro en su despacho, el humo de su cigarro llenando la habitación. Estaba furioso, no con Elena, sino con la vulnerabilidad que había sentido en el mercado. Adalmo estaba sentado frente a su terminal, analizando la nota que la mujer le había entregado a Elena.
—Es una familia de la calle 10, Varkas —dijo Adalmo, proyectando la información en la pantalla de la pared—. Un grupo de matones de poca monta está cobrando "protección" en nuestro nombre mientras nosotros e