La tormenta de sílice ha cedido, dejando tras de sí un horizonte de aristas afiladas y un cielo del color del acero oxidado. El búnker del distrito norte, erguido como un monolito desafiante en medio de la desolación, vibra con una calma tensa. En la plataforma de aterrizaje exterior, los técnicos de la primera división despliegan los reflectores de xenón, cortando la penumbra del crepúsculo con haces de luz blanca que revelan la silueta de un transporte blindado procedente del sur. Es una nave