EPÍLOGO
El búnker ha dejado de ser una fortaleza estanca para convertirse, con el paso de los ciclos, en el corazón latiente de una comarca que empieza a reconocerse en el espejo del mundo. Las puertas, que durante generaciones fueron el último baluarte contra el fin de los tiempos, permanecen ahora entornadas. Es una rendija de metal que conecta el interior con el exterior, permitiendo que el aire de la superficie, afilado y puro, circule por los conductos que antes solo conocían el viciado aroma del o