STEFAN
Tras aproximadamente una hora de esperar en silencio, decidí entrar. El ambiente era lo que siempre había querido para ese lugar: exclusividad, oscuridad y un toque de peligro que mantenía a la clientela en alerta. La música de jazz vibraba en el aire, como un pulso constante que atravesaba cada rincón.
Caminé hacia la zona VIP, donde sabía que mis hombres estarían disfrutando. Pero entonces, la vi.
Morgan Belmont.
Ella estaba en medio de la pista de baile, moviéndose con una sensualidad