El descenso hacia el búnker médico fue un borrón de luces estroboscópicas y terror puro.
Dante Lombardi corría por los pasillos subterráneos de Blackthorn Manor con Layla en sus brazos, ignorando el ardor en sus propios pulmones y el peso muerto que ella empezaba a ser contra su pecho. La sangre caliente y viscosa de su esposa empapaba su camisa de algodón negro, filtrándose hasta su piel, un recordatorio constante de que la vida de su mundo entero se estaba escurriendo entre sus dedos.
El rugi