Mundo ficciónIniciar sesiónEl peso de la Glock 43 en la palma de Layla era un ancla física que la ataba, de forma irreversible, a la realidad de Dante Lombardi. El metal frío absorbía el calor de su piel, y la mano de su esposo, todavía superpuesta a la suya, latía con un pulso constante y seguro.
Había cruzado el umbral. Ya no había inocencia que proteger ni mentiras que tragar.
Dante bajó los brazos lentamente, soltando su agarre, permitiendo que e







