Alaric fijó la mirada en la puerta.
—Entraremos juntos.
—Juntos —afirmó Rafe.
—Juntos —repitió Liora, tomando la mano de Seraphine.
Con pasos pesados pero firmes, avanzaron hacia la luz.
La luz los cegó. Al dar el último paso, un frío les recorrió la piel. La niebla blanca se disipó lentamente, revelando una visión que cortó la respiración de Seraphine.
Frente a ellos se extendía Mooncliff—no la ciudad en ruinas y oscura de los recuerdos sombríos de Seraphine, sino el Mooncliff antiguo, erguid