Capítulo 41
El aroma del café recién hecho en la mañana, flotaba en el aire, mezclado con un tenue olor a madera y papel nuevo. El despacho de Leone, como cada mañana, vibraba con el silencio siendo controlado por la eficiencia. Teclados, pasos de trabajadores, puertas que se abrían y cerraban sin perturbar demasiado el equilibrio de esa armonía sutil. Fue ahí que Irina cruzó el pasillo con su agenda en la mano y el cabello recogido en un moño apurado que dejaba algunos mechones rebeldes rozánd