Capítulo 40
La casa había vuelto al silencio tras la bulliciosa cena con la familia de Leone. Las risas de las niñas, la calidez inesperada de Amatista, y el abrazo dulce de Gail aún flotaban en la memoria reciente de Irina mientras subía lentamente las escaleras. Cada paso le pesaba como si arrastrara los últimos días consigo y estaba agotada, física y emocionalmente. Gail mejoraba, sí, pero el constante estrés, las nuevas reglas, las visitas inesperadas y esa tensión que pendía entre ella y