Capítulo 59
El aroma del café recién hecho llenaba la cocina mientras Irina revolvía lentamente su taza, sentada frente a Leone en la isla central. Era una mañana aparentemente tranquila, de esas raras en las que el silencio no pesaba, sino que acariciaba todo a su alrededor. Gail jugaba en el jardín con Nonna y Teresa como todas las mañanas, mientras ellos dos se robaban miradas y sonrisas cómplices. Sin embargo, la calma duró poco tal cual como lo habían previsto, ya que el teléfono de Leone