Cuando Alexander llegó a su casa y entró, no podía creer la paz que reinaba en el ambiente.
Miró a su alrededor y no se escuchaban gritos, ni quejas, ni había ningún incidente que solucionar.
Aquello no era normal.
Le había escrito un mensaje a Diana para preguntar cómo iba todo un par de horas antes y no contestó.
Tuvo el impulso de regresar a su casa en ese mismo instante, pero estaba demasiado ocupado y debía confiar en que en esa ocasión los niños se portarían bien.
Había visto que les agra