Diana llegó con Victoria, Nathan y Gabriel a casa de sus suegros.
Ya lo había intentado antes con su madre, pero había fingido tener demencia y no recordarla para no cuidarle a los niños.
La niñera no podía controlar a los cinco por mucho tiempo y a Diana le costaba encontrar personas de confianza para dejarle a sus hijos un par de días.
Solo dos, no necesitaba más, quería tener un poco de intimidad con su esposo antes de que el ogro que vivía en él se hiciera más insoportable.
Cada vez que lo i