Diana había caído en un sueño profundo como era normal en ella.
Desde que se había mudado a aquella casa había vuelto a sentir que podía dormir sin preocuparse de nada.
Por más que intentó permanecer alerta para cuidar de Alexander, al sentir el calor de la cama y el del cuerpo de su esposo se había rendido al letargo.
Era la peor enfermera del mundo.
Se había dejado llevar por el sueño y las alucinaciones que su mente creaba no la animaban a despertar.
Sentía la respiración acelerada de su esp