Mundo ficciónIniciar sesiónTras descubrir que su matrimonio ha sido una farsa y que su marido la engaña con su mejor amiga, Diana Miller decide desquitarse y seducir a un desconocido. Sin dar nombres, sin planes para futuro, solo una noche de pasión es lo que debía unirlos y separarlos al día siguiente, pero, con lo que Diana no contaba, era con que esa noche se quedaría embarazada. Alexander Turner no ha querido saber nada del amor desde que enviudó, pero sus hijos tienen otros planes para él y se lo demuestran expulsando a todas las niñeras que contrata. Ya no hay nadie en toda la ciudad que quiera ocuparse de sus hijos. Desesperado, decide casarse con la primera mujer que aparezca y tenga el valor de enfrentarse a esos dos pequeños diablos. Algo que ya consideraba una misión imposible. Hasta que Diana aparece en su empresa buscando trabajo y el milagro sucede. Un hombre que ya no quiere volver a enamorarse. Una mujer que piensa que el amor puede ser un cuento de hadas. Unos niños que harán todo lo necesario para que Diana se convierta en su nueva madrastra. Y una hija oculta. ¿Qué podría perder por aceptar? Tal vez su corazón y parte de su cordura. Si quieren saber más sobre los personajes de esta historia, pueden leer Una esposa XL para el magnate mujeriego. La encuentran en mi perfil.
Leer másA Entrevista
— A Nicole é melhor do que você, Eloise. — Em vários aspectos… se é que você me entende. A frase foi dita em tom baixo, quase educado. Como se aquilo não fosse uma traição. — Ela vem de uma família conhecida. Tem nome. Tem estrutura. — Você… — ele hesitou. — Você fez o que pôde. Cada palavra caiu como um golpe. Ela ainda estava de branco. Ainda segurava o buquê. Ainda acreditava que amor fosse suficiente. Não foi. O relógio da recepção marcava exatamente 8h45 da manhã quando Eloise Nogueira empurrou as portas de vidro da Monteiro Group. O salto firme ecoou no chão de mármore branco, tão polido que refletia seu vestido justo cor vinho — discreto, mas suficiente para acentuar suas curvas invejáveis. Estava nervosa? Um pouco. Determinada? Com certeza. Três meses antes, Eloise aprendera que promessas não seguram ninguém. Foi deixada no altar pelo homem que dizia amá-la — e traída pela própria família no mesmo gesto. Nicole, a prima que sempre a invejou. Desde então, confiar passou a ser um risco que ela não estava mais disposta a correr. Mas agora, tudo era diferente. Ela precisava daquele emprego. E não só pelo salário. Seu pai, doente e aposentado, mal conseguia levantar da cama nos dias mais difíceis. Os medicamentos estavam caros, e os boletos não paravam de chegar. Eloise não tinha luxo de esperar a sorte bater na porta — havia decidido ir atrás dela. — Bom dia — disse à recepcionista com um leve sorriso. — Tenho entrevista para a vaga de secretária pessoal do senhor Augusto Monteiro. A mulher a olhou de cima a baixo, como quem avalia se uma garota assim aguentaria um chefe como “ele”. Engoliu em seco antes de responder: — Último andar. Sala 15. Ele está te esperando. Ele. O nome já vinha carregado de tensão: Augusto Monteiro. Frio, impiedoso, perfeccionista. O homem que comandava um império bilionário como se tivesse nascido para reinar — e talvez tivesse mesmo. Diziam que seus olhos verdes eram capazes de perfurar a alma, e que ninguém durava mais de um mês ao seu lado como secretária. E ali estava ela… indo direto para a toca do lobo. O elevador subiu em silêncio. Eloise ajeitou o cabelo longo e escuro, respirou fundo e tentou acalmar o coração. Não era do tipo que se deixava intimidar, mas algo nela sabia: aquele homem ia virar sua vida de cabeça para baixo. A porta abriu. Ela bateu duas vezes na imponente porta de madeira escura. — Entre — veio a voz grave, firme. Ela entrou, com passos decididos, mesmo sentindo o olhar dele sobre cada centímetro do seu corpo. Augusto Monteiro ergueu os olhos do notebook. E, pela primeira vez em meses… congelou. Morena. Corpo marcante. Olhar desafiador. Não sorria. Não se curvava. Estava ali como se o mundo tivesse que se adaptar a ela — e não o contrário. — Eloise Nogueira? — perguntou, com um tom quase entediado, tentando esconder o impacto. — A própria — respondeu, com um sorrisinho de canto. — Mas pode me chamar de Eloise. Ninguém pronuncia meu sobrenome com a arrogância certa. Ele arqueou uma sobrancelha. Atrevimento. — Sente-se — disse, apontando para a cadeira diante da mesa. — Vamos ver se você tem mais do que uma boca afiada. — E vamos ver se o senhor Monteiro tem mais do que fama e dinheiro — rebateu, sem pestanejar. Silêncio. Tensão. Olhos nos olhos. E foi ali, naquela primeira troca de farpas, que Augusto soube: Essa mulher ia ser o seu inferno particular. E, talvez… o único céu que ele ainda poderia alcançar.Diana llegó con Victoria, Nathan y Gabriel a casa de sus suegros.Ya lo había intentado antes con su madre, pero había fingido tener demencia y no recordarla para no cuidarle a los niños.La niñera no podía controlar a los cinco por mucho tiempo y a Diana le costaba encontrar personas de confianza para dejarle a sus hijos un par de días.Solo dos, no necesitaba más, quería tener un poco de intimidad con su esposo antes de que el ogro que vivía en él se hiciera más insoportable.Cada vez que lo intentaban alguno de sus hijos aparecía en la habitación.La noche anterior fue Victoria diciendo que tenía miedo y se colocó entre ambos hasta que salió el sol.—¿Qué haces aquí? —gruñó su suegra apenas la vio, pero le cambió el rostro en cuanto vio a los niños—. ¿Vienen a ver a los abuelos? Nos extrañaban, ¿cierto?Nathan iba a ser tan sincero como siempre y soltar algo que estropeara que la odiosa mujer quisiera pasar un tiempo con ellos, pero Diana le cubrió la boca.—Sí, estaban como locos p
—Diana, ¿qué haces aquí? —preguntó Natalie como si su presencia allí, en la oficina de su marido, fuera lo más normal.Ella que ya pensaba que no iba a tenerla que ver nunca más.Lo último que supo de esa mujer fue que le rompió el corazón a Roger y que se había marchado con su hermano.—Duendecilla, yo no tengo nada que ver con la presencia de esta mujer aquí —le susurró su marido y ella que estaba sentada a su lado no quiso mostrar el coraje que sentía en ese momento.Por eso se dispuso a contestar con toda la calma de la que disponía.—¿No me digas que vienes a presentarte al puesto de asistente? —preguntó Diana con una sonrisa en la cara que no auguraba nada bueno.Pero Natalie, que no debía tener amueblado ni medio cerebro, tomó su sonrisa como una invitación a pasar y sentarse.—No venía por eso, ni siquiera sabía que Alexander estaba buscando una asistente —la forma en la que pronunció el nombre de su esposo y la mirada que le echó hizo que Diana tuviera que usar toda su contenc
Diana llegó a la empresa a ayudar a su esposo con la entrevista para elegir a su nuevo asistente.Habían pasado casi dos meses desde que Roger se fue, pero continuaba sin elegir uno.La última conversación que tuvieron con él fue cuando rompió su compromiso y habían estado buscando a alguien adecuado para delegar algunas funciones.Ambos querían ir a verlo porque sabían que no se encontraba demasiado bien, pero hasta el momento no había sido posible.Diana le había prometido ayudarle con la elección ya que él los rechazaba a todos y también le dijo que no se metería en su decisión porque al final con quien trabajaría sería con él.Solo estaba allí de espectadora, nada más.—¡¿Por qué te tardaste tanto?! —la increpó su esposo apenas entró a la oficina—. Ya deberíamos haber comenzado hace media hora. Por cierto, qué bonita estás hoy, duendecilla.Diana se acercó a él y le dio un beso en agradecimiento por su alago.Sabía que estaba mintiendo porque se había visto al espejo antes de sali
Dos años después…Tras el desengaño sufrido con Natalie, Roger se propuso dar un cambio radical.Dejó atrás la idea de formar una familia y de buscar el amor para saltar de flor en flor o de falda en falda.¿Para qué iba a seguir buscándolo? No tenía sentido.Si ninguna lo había querido siendo un asistente que tampoco lo buscaran cuando lo vieran triunfar.Se hizo cargo de la empresa de su familia y por más que el negocio de la moda era muy distinto a lo que había trabajado con su amigo Alexander a lo largo de los años, él había aprendido muy bien a ser un tiburón de las finanzas.En los dos años que llevaba a cargo de la empresa trabajó de forma incansable y ni todos los escándalos que llevaba a su espalda lograban que se hubiera hecho un nombre en el mundo de la moda y de las mujeres.Roger podría ser considerado un soltero de oro si no tuviera una fama de mujeriego tan nefasta.Había dejado de perseguir a las mujeres para que fueran ellas las que lo persiguieran a él.Las modelos de










Último capítulo