Cuando la mañana llegó, Diana ya se había olvidado del malestar que sintió con el rechazo de Alexander y estaba dispuesta a afrontar todo lo que se le pusiera por delante.
El optimismo llenaba su vida.
Todo era fantástico.
En su contrato también estaba estipulado que, para que no perdiera el tiempo en cruzar la ciudad para llevar a los niños a diferentes escuelas, Victoria también sería matriculada con Nathan y Gabriel.
Pero eso comenzaría a partir de la siguiente semana, cuando Alexander pudie