Valeria
Esperé a que Marcelo se marchara del apartamento. Tardó casi dos horas en irse, supongo que con la esperanza de que regresara, pero mi orgullo era más fuerte que su frágil determinación. De todas formas, la culpa era mía por haber puesto expectativas tan altas en alguien que nunca me prometió nada. Él jamás me obligó a estar con él ni mencionó una relación seria. ¿Qué demonios esperaba yo?
El sonido de mi teléfono interrumpió mis pensamientos. No el nuevo, sino el antiguo. Miré la pant