Marcelo Ventura
Valeria pasó la noche entera en mis brazos. A lo largo de la madrugada, me desperté un par de veces solo para depositar besos en su frente. En esos momentos, no pude evitar agradecerle a su amiga envidiosa por haberla echado de su casa.
Después del desayuno, discutimos durante casi dos horas sobre el apartamento nuevo. Al final, no le quedó más remedio que aceptar mudarse allí. Era eso o vivir conmigo, y prefirió la primera opción. Aún no era el momento de compartir una vida ju