Punto de vista Marcelo
Cuarto día sin saber nada de mis amores. Ahora no solo se trataba de Valeria, sino también de esos dos pequeños indomables de cuatro patas, especialmente mi tigrecito, quien me había salvado de una noche aterradora.
—¡Edward, amigo! Qué bueno que me contestas —suspiré aliviado cuando finalmente respondió la llamada.
—No puedo seguir molesto contigo, aunque sigues metiéndola, como si fuera un deporte. Dime, ¿qué pasó ahora?
—Necesito hablar con tu amiga, la agente de publ