Marcelo
Llegué un poco antes de lo planeado. La zona donde vivía Valeria no era de mi agrado, pero tenía en mente sugerirle un nuevo lugar esa misma tarde. No podía permitir que mi sugardaddy habitara en un sitio así. Toqué el timbre de su teléfono para avisarle que había llegado, y en solo cinco minutos ya estaba en la entrada de su edificio.
Valeria se veía radiante, joven y fresca. Llevaba unos jeans claros, un top corto que dejaba al descubierto su ombligo, su cabello recogido en una coleta