Valeria
Era imposible contener la sonrisa que se dibujaba en mi rostro. Me recosté sobre mi vieja cama y solté un suspiro. Aún sostenía en mis manos las llaves del apartamento que Marcelo me había dado. No podía aceptar su regalo, pero nunca antes alguien se había preocupado tanto por mí. Sin embargo, más allá del dinero o los detalles materiales, era él quien me resultaba fascinante, él quien despertaba en mí esta sensación de estar flotando en una nube de emoción.
Estaba a punto de quedarme d