Marcelo
Era un martes por la mañana, y al despertar me sentí renovado. Disfruté de una ducha prolongada, me aseguré de afeitarme por completo, elegí mi traje más elegante y arreglé mi cabello con esmero. Después de la dosis de amor que Valeria me había brindado, era imposible no regresar a mi compañía con una nueva actitud.
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>Cantando alegremente, bajé hacia el comedor.—Vaya, señor, parece que esta mañana está