NARRADOR
—¡Marcelo! ¿Qué es todo este escándalo? ¡Por favor, tranquilízate! —le reclamó Mérida, tomándolo del brazo e intentando apartarlo con fuerza.
—¡Suéltame, Mérida! —rugió él—. Siempre has sido una mujer egoísta, incapaz de respetar mi vida ni mi privacidad. Me cuesta decirlo, pero siento odio por ti. Es como si fueras mi peor enemiga.
El rostro de Mérida perdió el color de inmediato. Se llevó una mano al pecho, como si el dolor emocional estuviera a punto de quebrarla.
—Marcelo, no me ha