Narrador
Valeria temblaba al ver el cañón del arma apuntándole directo al rostro. Su corazón hecho trizas latía con dificultad, mientras en su mente no dejaba de repetirse la misma pregunta: ¿en qué momento se había equivocado al enamorarse de Marcelo? Sentía que estaba pagando un castigo cruel, una especie de condena sin sentido. Aun así, no iba a ceder, no iba a rogarle a Mérida por su vida. Prefería morir con dignidad que arrodillarse ante semejante mujer.
Mérida la observaba con una frialda