Marcelo
Increíble lo que rondaba en la mente de mi madre y de Samantha; parecían dispuestas a aprovecharse del dolor que yo estaba atravesando. Di un sorbo a la copa de vino que tenía entre las manos, pero su sabor me resultó amargo. No quería seguir bebiendo, solo anhelaba recuperar el control de mi vida, dejar de llorar, aunque fuera solo por una noche.
Intenté incorporarme del escritorio, pero el alcohol me tenía casi inmovilizado. Entonces, el resplandor de la pantalla de mi celular me indi