La mesa estaba servida. Los cubiertos perfectamente alineados, las copas brillantes, el vino decantando desde hacía más de una hora. Todo en su lugar. Todo impecable. Como siempre le gustaba a él.
A mi padre.
Valeria, sentada a mi lado, tenía una sonrisa contenida. Estaba hermosa, con un vestido azul oscuro que resaltaba su piel, y el cabello recogido en un moño elegante que dejaba ver su cuello largo y su expresión serena. Pero yo conocía esa sonrisa. Era la que usaba cuando estaba nerviosa. C