Pasaron varias semanas después de aquella cena. Pietro no volvió a mencionar a su padre, y yo no pregunté. Entendí que para él, el silencio era a veces una forma de cerrar capítulos. Y aunque no sabía si Kalos volvería a nuestras vidas, tampoco me sentía lista para pensar en ello. Por primera vez, la casa se sentía como un hogar.
Mis mañanas eran más tranquilas. Las náuseas se habían calmado y el embarazo avanzaba con normalidad. Pietro se mostraba cada vez más pendiente, más amoroso. Me acompa