La mirada del señor Amir estaba llena de desesperación y rabia. Rocío, por su parte, trataba de liberarse de aquel hombre y al mismo tiempo no lastimarlo.
—Señor, por favor, suélteme. No lo conozco, me está lastimando.
Salí a toda prisa, me interpuse entre el señor Amir y Rocío. Aquel anciano se encontraba hiperventilando y con dificultad aflojó su corbata.
—Señor Amir, ¿Por qué se puso así? No estoy entendiendo nada.
—Esos zapatos —él señaló los pies de Rocío —. ¿De dónde los has sacado? Es im