Esta confesión me tomó por sorpresa, por un momento pensé en que el deseo se iba a ir de inmediato, pero no fue así. Al final no pude evitar llegar al clímax y mi semen estaba dentro de Rocío.
—Lo siento, pero era muy tarde —me sentí fatal —. Espero que me puedas perdonar.
—Está bien —ella se inclinó en mi dirección y me dió un beso —, pero necesito un anticonceptivo.
—Rocío —me hice a un lado y salí de ella —. ¿En serio tanto miedo te da tener un hijo mío? Porque sinceramente yo deseo formar u