73: Maldigo la hora en que...
Kany respetó mi silencio. Y yo se lo agradecí. Ella sabía, mejor que nadie, lo importante que era guardar ciertas palabras, no escarbar en heridas que aún no terminaban de cerrar.
Se quedó a mi lado, sin invadir, sin llenar el espacio con preguntas que iban en contra de mis deseos.
—Sabes bien que, cuando quieras hablar, aquí voy a estar —dijo con suavidad—. No quiero presionarte. Solo espero, de corazón, que puedas abrirte cuando estés lista.
La miré por un instante. No con palabras, sino con