Kany se quedó callada, ella mordió sus labios y contuvo las lágrimas que se asomaban en aquellos ojos color miel.
—Tú no tienes la culpa, estoy segura de que si hubieras tenido la solvencia financiera, otro cuento hubiera sido. Deja de pensar en lo que ya no se puede resolver y vive cómo tienes que vivir. En serio, que estar pensando en él hubiera, es el peor castigo que te puedes dar.
—Yo sé que no tengo la culpa, pero hay cosas que son tan difíciles de dejar pasar que al final solo terminas s