Sofía miraba a la nana con atención. Sus ojitos seguían cada movimiento de aquella mujer, que le sonreía con ternura mientras le arreglaba un mechón de cabello.
—Es tan parecida a su madre —dijo la nana, con nostalgia en la voz—. Espero que tenga el mismo corazón que tuvo la niña Sofía.
—¿La conoció? —preguntó Rocío, interesada—. ¿Podría hablarme de ella?
—Claro que la conocí. Era una niña llena de luz, a pesar de tener un pasado difícil. Cuando los señores Montessori supieron que no podían ten