Rocío se sintió un tanto atribulada por el aura que aquella mujer emanaba, quería hablar, pero las palabras se agolpaban en su boca y no podía gesticular ni siquiera un solo sonido.
—¿Acaso el ratón te comió la lengua? —El ceño de aquella anciana se frunció más profundamente —anda, habla. Dime en dónde se encuentra Mateo, también tengo entendido que el zángano de Gianluca se encuentra aquí.
—No diga eso de Gianluca —ella se llenó del valor al hablar —. Se lo estoy pidiendo con todo el respeto q