Rocío y Mateo fueron los primeros en llegar, seguidos por Maryam, elegante y silenciosa. El señor Halit apareció luego, siempre imponente, y finalmente mi abuelo, con su bastón y su mirada siempre inquisidora.
Todos esperaban. Sabían que algo pasaba.
Zayd se aclaró la garganta. Su tono era serio, pero no tenso. Había algo distinto en su postura. En su energía.
—Hoy recibimos una noticia… inesperada —dijo.
Yo bajé la mirada, como si aún no supiera cómo sostenerla frente a ellos.
—Kany está embar