Rocío sabía bien que, al tratarse de un hombre como Austin, ninguna medida era exagerada. Ella era consciente de que se debía ir más allá de todo lo que estuviera relacionado con la seguridad de la mansión.
—Incrementar la seguridad. Instalar cámaras térmicas en los accesos exteriores, reforzar los turnos de los guardias. Y quiero que tú y Sofía estén en el ala este de la casa. Es la más fácil de asegurar. Nadie entra ni sale sin que yo lo sepa.
—¿Y usted? —preguntó ella, sin rodeos.
—Voy a est