Ella se fue de casa hace mucho tiempo, nuestros padres intentaron detenerla, pero fue inútil. Supongo que cuando vives en casas de acogida te acostumbras a rodar por muchos sitios y no puedes quedarte en un solo sitio.
—Ahí tienes un poco más, cualquier cosa que necesites sabes bien en dónde encontrarme. No pienses que me molestas, porque siempre tendré tiempo para ti, Sofía.
—Gracias, Mateo —ella me abrazó, y sentí cómo lanzó un largo suspiro —. Espero que la vida un día te regrese todo lo que