Me besó con lentitud. Sin exigir. Solo ofreciendo. Y en ese beso, sentí todas las veces que nos perdimos, todas las palabras que no dijimos, todas las noches en las que nos dábamos la espalda sin saber cómo empezar de nuevo. Ahora empezábamos. Así.
Me moví sobre él, buscando su cuerpo, su piel. Su respiración se aceleró y la mía también. Lo miré mientras mis dedos recorrían su pecho, ese pecho donde tantas veces desee apoyar la cabeza en noches tristes. No era lujuria. Era amor. Era dolor tambi