Las sirenas de la policía rompieron la tranquilidad de aquella residencial tan respetuosa y segura. Las luces rojas y azules se reflejaban contra las paredes de la mansión, las mismas bañaban el mármol y los ventanales en una secuencia y un orden intermitente.
Fueron los paramédicos quienes entraron primero, ellos se encontraban acostumbrados a este tipo de casos en medio de la madrugada. Eran los únicos que mantenían la calma después de Gianluca, que no dejaba de ver el cadáver de Clara.
—Frac