Mundo ficciónIniciar sesiónVICTORIA:
Allí estaba ella. Vestida con su abrigo rojo intenso, sus botas con restos de nieve y esa expresión de calculada suficiencia que siempre traía consigo. Ana entró en el restaurante, y cada movimiento suyo estaba marcado por una confianza desbordante; sus ojos se clavaron en mí antes de recorrer, sin prisa, a Ricardo y a Carlos.
—Sabía que no me equivocaba —continuó con una sonrisa que tenía m&aacut






