120. LA AMENAZA VEDADA
RICARDO:
La puerta se abrió lentamente, y el sonido del tacón resonó como un golpe seco contra la tensión en el aire. Cuando levanté la vista, mi sangre se heló. Isabel Castellanos. La amiga que un día había sido parte de mi vida como un eco constante y que ahora portaba el apellido que tanto odiaba. Su presencia era un recordatorio cruel de las lealtades que habían cambiado, de las amistades que ahora eran armas.
Entró con una calma inquietante, envuelta en una elegancia que emanaba poder y