121. SORPRESAS INESPERADAS
RICARDO:
El corazón me saltaba acelerado mientras salía despacio con mis manos en los bolsillos de la comisaría, bajo la mirada de todos. Lo podía sentir, ya me habían sancionado; para ellos, era el criminal que había prendido fuego a la casa de mi esposa y desaparecido para quedarme con todo. Lo que nadie sabía era que ese todo era mío desde el primer día que me casé con Victoria, pero no podía decirlo o ella estaría en grave peligro.
Vi cómo Isabel me esperaba en el parqueo, de pie al lado