124. EL FINAL
VICTORIA:
Respiré aliviada al ver las imágenes de mis dos bebés en la pantalla, pero sobre todo, al escuchar los latidos de sus corazones. Lloré apretando la mano de Ricardo que, aunque trataba de disimularlo, tenía sus ojos bañados de lágrimas. Sin poder contenerse, se inclinó, me abrazó y me besó emocionado.
—Están bien, Vicky, están bien —repitió una y otra vez.
Su abrazo era cálido, protector. Me aferré a su camisa, sintiendo su respiración entrecortada. Ricardo me ayudó a sentarme,