86. EL APARATO EN EL CUERPO
VICTORIA:
Su respiración era pausada, pero su mirada revelaba un arrebato interno que apenas lograba contener. Ricardo deslizó sus manos con firmeza por mis muslos, una presión calculada que se debatía entre lo profesional y lo íntimo. Estaba a centímetros de distancia, y cada movimiento suyo me hacía sentir atrapada en una tensión que no lograba descifrar.
—Voy a revisar cada lugar, cada rincón. Si quieres salir de esto, confía en mí, no dejaré ningún lugar sin revisar —hablaba con gravedad,