50. DE REGRESO A LA VIDA
VICTORIA:
Abro los ojos lentamente mientras la luz del amanecer se filtra por las cortinas de mi habitación. Mi mano busca instintivamente el otro lado de la cama, pero solo encuentro las sábanas frías y arrugadas. Ricardo se ha ido, y no supe cuándo. Mejor así, pienso. Menos mal que solo dormimos. No se sobrepasó y ese hecho me sabe agridulce.
Me incorporo, sintiendo un vacío en el estómago que nada tiene que ver con el hambre. Sobre la mesita de noche encuentro una nota escrita con letra ap