51. NEGOCIANDO
VICTORIA:
El ruido insistente del aire acondicionado llena el silencio del despacho. Mis uñas golpean ligeramente la superficie del escritorio mientras la furia se apodera de mí. La forma en que Ricardo maneja las cosas se siente profundamente personal; cada movimiento suyo es calculado para recordarme que, aunque lleve mi apellido, ya no soy dueña de nada, ni siquiera de mi propia decisión.
Bajo al estacionamiento a regañadientes, mi mirada clavada en el suelo como si las baldosas fueran el