49. LA ÚLTIMA VEZ
VICTORIA:
No dejé que Javier, el asistente de mi tío, se quedara conmigo. Lo despedí en la puerta y me adentré en la enorme mansión vacía de mis padres, donde había vivido los mejores momentos de mi vida. Me dediqué a abrir todas las cortinas del gran salón, dejando entrar la luz del atardecer. Descubrí todos los muebles por toda la casa; encendí las luces, sentía que la casa debía recobrar su vida hasta que llegué a la habitación principal, la de mis padres. Me detuve un momento, pero abrí de