117. UNA TERRIBLE VERDAD
RICARDO:
Saqué mi teléfono, llamando una y otra vez a la mansión de los padres de Victoria, sin resultados. Conduje como un loco hasta llegar. La imagen que me recibió era aterradora. La policía tenía todo bloqueado con sus cintas y los cuerpos de todos los guardias de seguridad estaban por todas partes, mientras la estela de humo negro se elevaba en el cielo. Corrí como un loco, solo para ser detenido por la policía.
—Mi esposa está allá dentro —grité con desesperación.
—Señor, ya no puede