Erik estaba revisando unos contratos en su oficina cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Alan, su mejor amigo y confidente, entró con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Erik! ¿Estás listo para el almuerzo?
Erik se reclinó en su silla, soltando el bolígrafo y cruzando los brazos.
—Aún no, Alan. Quería decirte algo antes.
Alan alzó una ceja, notando la seriedad en el tono de su amigo.
—¿Ahora qué pasa? No me digas que has cambiado de idea sobre el matrimonio —bromeó, pero se calló al ver que E